O vives con consciencia… o pagas el precio.

 




En el mundo actual hay una verdad incómoda que cada vez resulta más evidente:
o vivimos con consciencia, o sufrimos bastante.



No porque la vida sea cruel por naturaleza, sino porque el sistema en el que estamos inmersos premia la inconsciencia y penaliza la presencia. Vivir dormidos es rentable. Vivir despiertos, no tanto.

La verdadera droga de nuestra sociedad no es una sustancia: es la inconsciencia.

Y se nos sirve en bandeja, 24 horas al día, con ofertas, descuentos y bonus emocionales incluidos. Porque si despiertas, el negocio se acaba. Y eso… no lo pueden permitir.

                       

 ⸻

Anécdota real: cuando un niño te despierta

Hace poco, mi hijo mayor me dijo algo aparentemente simple:

— “Mamá, en el envase del salchichón pone que tiene leche.”

Lo comprobé. Era verdad.
Y le respondí sin rodeos:

— “Esto es un fraude. Pagamos por carne y nos dan leche en polvo barata.”

Ese comentario infantil encierra una lección adulta enorme:
si no leemos, si no cuestionamos, si no miramos con atención, nos venden cualquier cosa.

Y no solo en el supermercado.

Vivimos rodeados de productos ultraprocesados, alimentos que parecen sanos pero no lo son, mensajes maquillados, promesas rápidas… y decisiones que tomamos en piloto automático.

La consciencia empieza ahí:
en pararnos, leer, elegir y renunciar.



Pantallas, infancia y responsabilidad adulta

Otro ejemplo aún más delicado.

Un niño de 8 años recibe un móvil como regalo.
Con el tiempo, contacta con un extraño.
Y ocurre algo grave.

Cuando esto pasa, solemos buscar culpables fuera: la red, la aplicación, el mundo…
Pero hay una pregunta previa que casi nadie quiere hacerse:

👉 ¿Era necesario ese móvil?
👉 ¿Quién es el verdadero propietario de esa herramienta?
👉 Quién paga el internet y quién debe poner los límites?

Un móvil no es un juguete.
Es una herramienta potentísima que pertenece al adulto que la compra y la mantiene.
Ponerla en manos de un niño sin haber reflexionado sobre su idoneidad, si necesita acompañamiento es como dejarle conducir un coche sin carné… y sorprendernos luego del accidente.

La educación consciente no es prohibir por miedo,
es acompañar con criterio.



Entretenidos, satisfechos… dormidos.

El sistema no necesita encerrarnos con barrotes.
Le basta con tenernos:
 • entretenidos
 • satisfechos
 • distraídos
 • dopados emocionalmente

Un cigarro.
Una pantalla.
Un like.
Una copita.
Una serie.
Un drama ajeno para no mirar el propio.



¿Dolor? A la farmacia.
¿Silencio? A los auriculares.
¿Soledad? A Tinder.
¿Ansiedad? A cualquier escape.
¿Incomodidad? Al móvil.
¿Verdad? Mejor no… da vértigo.

Nos anestesian para que no miremos la única cosa que podría liberarnos: la realidad tal como es.

 






El verdadero síndrome de abstinencia

¿Sabes qué pasa cuando paras todo eso?

Que se cae el personaje.
Que aparecen las heridas.
Que ya no puedes culpar a nadie.

Y ahí comienza el verdadero síndrome de abstinencia:
el de vivir despierto.

No hay pastilla para eso.
No hay atajo.
No hay sustituto.

Solo queda una cosa:
👉 mirar de frente,
👉 sentir lo que hay,
👉 aprender a sostener la incomodidad sin huir.

Y sí, da miedo.
Pero también devuelve poder, dignidad y sentido.



Educar (y educarnos) desde la consciencia.

Como docentes, como madres, como padres, como adultos de referencia, tenemos una responsabilidad preciosa y difícil:
no vivir dormidos… y no enseñar a dormir.

La consciencia no es rigidez.
Es presencia.
Es elegir.
Es decir “no” cuando toca.
Es sostener procesos.
Es acompañar sin anestesiar.

Porque un niño o niña , nuestro alumnado, la familia, un docente…
no necesitan más distracción.
Necesitan adultos despiertos.



Para cerrar:

Vivir con consciencia no te hace la vida más fácil.
Pero sí más verdadera.

Y desde ahí, curiosamente,
empieza también el bienestar.

 


 



🌿 Piensa diferente.
Cuídate diferente.
Educa diferente.

— María José · Conexión Maestra



Comentarios

Entradas populares de este blog

PILDORA 2. El Sol como primer nutriente.

MANIPULACIÓN, MUSICA Y EUROVISIÓN:

Píldora 8: Yoga en el aula.Pequeños gestos, grandes cambios.