Solsticio de verano y Día Internacional del Yoga: una invitación para las maestras que necesitan volver a sí mismas
21 de junio.
Hay fechas que parecen haberse puesto de acuerdo para recordarnos algo importante.
Coinciden dos celebraciones que, aunque proceden de tradiciones distintas, comparten un mismo mensaje:
-El solsticio de verano, el día con más horas de luz del año.
-El Día Internacional del Yoga, una práctica milenaria que nos invita a habitar nuestro cuerpo, nuestra respiración y nuestra conciencia.
Y no puedo evitar pensar que ambas efemérides llegan en el momento perfecto para quienes trabajamos en educación.
Porque junio tiene algo de paradoja.
Por un lado, sentimos la satisfacción de haber llegado hasta aquí.
Por otro, muchas maestras terminamos el curso con la sensación de haber entregado tanto que apenas nos queda energía para nosotras mismas.
Después de meses acompañando emociones, resolviendo conflictos, preparando materiales, atendiendo familias, observando, escuchando y sosteniendo procesos, el sistema nervioso pide algo muy simple:
descanso.
No solo vacaciones.
Descanso profundo.
¿Y si utilizamos este 21 de junio, con su poder simbólico, en una pequeña ceremonia de regreso a casa?
No una obligación más.
No una tarea más.
Sino una pausa consciente.
El sol como símbolo.
Desde tiempos antiguos, el ser humano ha observado los ciclos de la naturaleza para comprender también sus propios ciclos internos.
El solsticio marca el momento en que la luz alcanza su máxima expresión.
La naturaleza parece recordarnos que todo tiene un tiempo para crecer, un tiempo para florecer y también un tiempo para recoger la cosecha.
Como docentes, junio representa algo parecido.
Es el final de un ciclo.
Un momento para reconocer lo vivido.
Para agradecer lo aprendido.
Y para preguntarnos:
¿Qué quiero dejar atrás?
¿Y qué quiero cultivar a partir de ahora?
Porque igual que una planta necesita luz para crecer, también nuestras mejores cualidades necesitan atención, cuidado y presencia.
La paciencia.
La creatividad.
La alegría.
La vocación.
Nada madura y crece en piloto automático.
El saludo al sol: un ritual en movimiento.
Hay algo especialmente hermoso en celebrar este día a través del yoga.
El Saludo al Sol o Surya Namaskar es una secuencia sencilla de movimientos coordinados con la respiración.
Pero más allá del ejercicio físico, puede convertirse en una metáfora poderosa.
Cada postura nos recuerda que la vida también está hecha de aperturas y cierres.
De momentos de expansión y momentos de recogimiento.
De avanzar.
De sostener.
De soltar.
De volver a empezar.
Exactamente igual que ocurre durante un curso escolar.
Por eso este año quiero proponerte algo diferente.
No un gran ritual.
No una práctica complicada.
Solo un encuentro contigo misma.
Una propuesta sencilla para este 21 de junio:
Busca un lugar tranquilo.
Si puedes, al aire libre.
Si no, junto a una ventana donde entre la luz.
Respira profundamente varias veces.
Observa el cielo.
Observa tu cuerpo.
Observa cómo llegas a este final de curso.
Sin juzgar.
Sin intentar cambiar nada.
Simplemente observando.
Después realiza uno o varios saludos al sol, al ritmo de tu respiración.
No importa la perfección de las posturas.
Importa la intención.
Al terminar, permanece unos minutos en silencio.
Pon una mano en tu corazón.
Y otra sobre tu abdomen.
Respira.
Siente.
Escucha.
Una promesa para el verano.
El regalo más importante de este solsticio no tiene que ser una "experiencia extraordinaria"
Puede ser algo mucho más simple.
Recordar que tú también formas parte de la naturaleza.
Y que, igual que los árboles necesitan agua, tierra y sol para mantenerse vivos, tú también necesitas descanso, belleza, silencio, movimiento y cuidado.
Las maestras estamos acostumbradas a mirar hacia fuera.
A cuidar.
A sostener.
A acompañar.
Pero este verano te invito a dirigir parte de esa atención hacia ti.
No por egoísmo.
Sino por coherencia.
Porque nadie puede ofrecer durante mucho tiempo aquello que no cultiva dentro de sí.
Que tu luz también tenga espacio.
Este 21 de junio el sol alcanzará su máxima altura en el cielo.
Y esto supone una buena oportunidad para preguntarnos:
¿Estoy dejando espacio para mi propia luz?
No la luz de la perfección.
No la luz de hacerlo todo bien.
Sino la luz serena de quien se permite descansar.
Respirar.
Y volver a empezar.
Feliz solsticio.
Feliz Día Internacional del Yoga.
Y gracias por todo lo que has sembrado este curso.
Ahora también te toca a ti brillar y resplandecer.
☀️🧘♀️🌿
María José Calma
CALMA · Transformando docentes
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