Cuando tu cuerpo vive en alerta (y no es culpa tuya)
Durante años nos han enseñado a pensar, analizar y esforzarnos más cuando algo no va bien.
Pero hay un lugar al que casi nunca nos invitan a volver: el cuerpo.
Muchas personas —y especialmente muchas docentes— viven con una sensación constante de cansancio, ansiedad, tensión o desconexión. A veces todo “está bien” en la vida… y aun así el cuerpo no descansa. Dormimos mal, respiramos superficialmente, reaccionamos de forma exagerada o sentimos que no podemos más.
Esto no es debilidad.
Es regulación del sistema nervioso.
Si te sientes cansada, acelerada o desconectada… no es falta de voluntad.
Es tu sistema nervioso pidiendo seguridad.
Durante años nos enseñaron a resistir, a aguantar, a seguir “a pesar de todo”.
Pero el cuerpo no entiende de agendas ni de exigencias: solo entiende de seguridad o peligro.
Cuando vivimos en estrés continuo, el sistema nervioso entra en modo supervivencia:
-
lucha / huida (ansiedad, prisa, tensión)
-
colapso (agotamiento, apatía, desconexión)
Y no, no estás rota.
Tu cuerpo ha hecho lo que sabía para protegerte.
Imagina que tu cuerpo es una casa.
Si hay una subida de tensión eléctrica, saltan los plomos para proteger el sistema. Nadie diría que la casa está rota. Está protegiéndose.
O imagina que tu cuerpo es un coche.
Se enciende una luz de alarma en el panel. Si no puedes ir al taller en ese momento, la luz sigue ahí, avisando. Esa luz son muchos de los síntomas que hoy sientes: tensión, ansiedad, agotamiento, digestiones difíciles, insomnio, mente acelerada…
Tengo también que aclararte que, nuestro sistema nervioso funciona como una escalera:
Modo simpático: lucha o huida.
Prisa, ansiedad, hiperactividad, tensión constante.Modo dorsal: colapso o desconexión.
Cansancio extremo, apatía, sensación de vacío, “no puedo con nada”.Modo ventral: seguridad y conexión.
Calma, claridad, presencia, alegría, capacidad de vínculo.




Comentarios
Publicar un comentario